El programa de recuperación del oso pardo (Ursus arctos) en los Pirineos cumple 40 años con 108 ejemplares confirmados en 2025. Aunque la cifra supone un aumento respecto a los 96 del año anterior, la natalidad cayó a solo 8 cachorros —3 en Catalunya—. Expertos alertan sobre riesgos genéticos y baja tasa reproductiva. La conservación enfrenta desafíos legales, climáticos y sociales en un contexto de sequía y presión humana creciente.
¿Cuál es el estado actual de la población de oso pardo en los Pirineos?
El censo de 2025, elaborado por el Grupo de Seguimiento Transfronterizo del Oso Pardo (GSTOP), confirma 108 ejemplares vivos en los Pirineos. Estos se distribuyen en 7.100 km² entre España, Francia y Andorra. El 54% son hembras (54 individuos) y el 48% machos (52), con dos ejemplares de sexo indeterminado. En Catalunya, hay 54 osos: 23 hembras, 30 machos y uno sin identificar.
El censo refleja un mínimo, no un total absoluto
Los datos oficiales representan el número mínimo de animales detectados, no la población real. Los métodos de seguimiento —cámaras trampa, genética fecal y rastreo —pueden dejar fuera ejemplares solitarios o de difícil acceso. Por eso, los expertos subrayan que la cifra real podría ser mayor.
¿Por qué bajó la natalidad en 2025?
En 2025 nacieron solo 8 cachorros en toda la cordillera. Este es el menor número desde 2020. En Catalunya, solo 3 crías sobrevivieron. La causa principal apuntada es la consanguinidad extrema: un estudio de 2024 reveló que el 90% de los osos actuales descienden del macho Pyros, introducido en 1996. Esto reduce la variabilidad genética y afecta la fertilidad y viabilidad de las crías.
Factores ambientales agravantes
La sequía prolongada en 2024–2025 redujo la disponibilidad de frutos silvestres y raíces, clave en la dieta otoñal de los osos. Además, la fragmentación de hábitats por infraestructuras y el aumento de actividades humanas limitan los corredores de desplazamiento y apareamiento.
¿Qué marco legal protege al oso pardo en los Pirineos?
El oso pardo está protegido bajo la Directiva Hábitats de la UE, la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y el Convenio de Berna. En España, su caza está prohibida y su hábitat forma parte de la Red Natura 2000. Sin embargo, la gestión es competencia compartida: la Generalitat de Catalunya, el Gobierno de Aragón, Navarra, Francia y Andorra coordinan acciones mediante el STOP. No existe un plan único vinculante, lo que genera desigualdades en financiación y aplicación.
Conflictos con el sector ganadero
La presencia del oso genera tensiones con pastores locales. En 2025 se registraron 27 ataques a rebaños en Catalunya y Aragón. Las ayudas compensatorias —gestionadas por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER)— son insuficientes y lentas. Esto alimenta resistencias sociales que dificultan la aceptación del programa de recuperación.
¿Cuál es el impacto económico y social de la conservación del oso?
La conservación del oso pardo genera ingresos indirectos: el ecoturismo en zonas como el Valle de Arán o el Parque Natural de Alt Pirineu movilizó 12,4 millones de euros en 2025. Sin embargo, el 68% de los municipios con presencia de oso tienen tasas de despoblación superiores al 20% desde 2000. La falta de servicios básicos y oportunidades laborales reduce la capacidad local de coexistencia sostenible.
Datos Clave
- El 90% de los osos pirineos descienden del macho Pyros, introducido en 1996.
- En 2025 nacieron solo 8 cachorros —la cifra más baja desde 2020.
- El área ocupada sigue siendo de 7.100 km², sin expansión significativa desde 2021.
- El GSTOP integra a siete administraciones, pero carece de competencias ejecutivas unificadas.
- La sequía y la contaminación lumínica en zonas de transición afectan su comportamiento reproductivo.
El futuro del oso pardo en los Pirineos depende de reforzar la diversidad genética —mediante nuevas introducciones controladas—, mejorar la gobernanza transfronteriza y vincular la conservación a estrategias locales de desarrollo rural. Sin esto, el crecimiento numérico será frágil y reversible.
