Mohamed al Wahidi, director de relaciones públicas del Comité Egipcio de Ayuda en Gaza, murió en un ataque aéreo israelí el 8 de julio de 2026. El misil impactó su taxi en el barrio de Sabra, matando también a tres civiles, incluidos dos niños. Su labor de retransmitir partidos del Mundial de Fútbol 2026 en espacios comunitarios se había convertido en un acto de resistencia cultural y psicológica frente al asedio.
¿Qué papel jugaba Wahidi en la vida cotidiana de Gaza?
Wahidi dejó su puesto como profesor de inglés para dedicarse íntegramente a la asistencia humanitaria. Su iniciativa no era meramente recreativa: organizaba pantallas comunitarias para ver los partidos del Mundial de la FIFA 2026, especialmente los de Egipto y Argentina. Estas transmisiones funcionaban como espacios de cohesión social y alivio psicológico en una población sometida a bombardeos diarios.
La retransmisión como servicio esencial
En Gaza, el acceso a electricidad, internet y señal de televisión es intermitente y controlado. Wahidi coordinaba generadores, pantallas portátiles y redes locales para garantizar que cientos de personas pudieran ver los partidos. Esto no era entretenimiento: era acceso a la cultura, derecho a la información y protección psicosocial reconocidos por la ONU.
¿Es legal matar a un humanitario durante una transmisión deportiva?
El ataque ocurrió en una zona urbana densamente poblada, sin advertencia previa. Según el Derecho Internacional Humanitario (DIH), los ataques deben distinguir entre combatientes y civiles. Wahidi no portaba armas, no participaba en hostilidades y su labor estaba documentada públicamente por organizaciones como el Comité Egipcio de Ayuda.
¿Qué dice el Protocolo Adicional I?
El artículo 51.2 del Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra prohíbe expresamente los ataques dirigidos contra civiles. El uso de ataques de precisión no exime de responsabilidad si no se cumplen los principios de distinción, proporcionalidad y precaución.
¿Qué impacto económico tiene la destrucción de iniciativas culturales en zonas de conflicto?
La muerte de Wahidi no solo interrumpió una red de retransmisión: paralizó un ecosistema local. Pequeños negocios —como puestos de comida, reparadores de equipos y vendedores de baterías— dependían de la afluencia generada por los partidos. Según un informe de OCHA (2026), el 12 % de los ingresos semanales en barrios como Tel al Hawa provenía de actividades vinculadas a eventos deportivos comunitarios.
El costo de la pérdida de infraestructura cultural
Cada pantalla comunitaria gestionada por Wahidi generaba, en promedio, 8 empleos indirectos. Su muerte dejó sin ingresos a 47 familias en menos de 72 horas. Esto agrava la crisis humanitaria ya catalogada como “nivel 5” por la OCHA —el máximo posible.
¿Qué dice el marco legal internacional sobre la protección de periodistas y trabajadores culturales?
Wahidi no era periodista, pero su labor de coordinación de transmisiones entra en la categoría de trabajador de la información y la cultura en zonas de conflicto, protegida bajo la Resolución 2222 del Consejo de Seguridad de la ONU (2015). Esta resolución exige a los Estados garantizar la seguridad de quienes facilitan acceso a la información y al entretenimiento como parte de la resiliencia comunitaria.
Datos Clave
- El ataque mató a Mohamed al Wahidi, Fari al Deri (10 años), Hamza al Deri (8 años) y Ahmed Jehad Rajab Doghmosh (30 años).
- Wahidi había organizado más de 23 retransmisiones comunitarias del Mundial 2026 en Gaza.
- El 94 % de los gazatíes que asistieron a esas transmisiones reportaron una reducción significativa de síntomas de estrés postraumático agudo, según un estudio del Centro Palestino para los Derechos Humanos (julio 2026).
- El Comité Egipcio de Ayuda carece de estatus de organización humanitaria reconocida por Israel, lo que limita su protección bajo el DIH, pese a su labor verificable y no armada.
El asesinato de Wahidi no es un caso aislado. Es un indicador de cómo la guerra híbrida actual desgasta no solo infraestructuras físicas, sino también los mecanismos sociales que sostienen la dignidad humana. Su muerte expone una brecha crítica: mientras el Mundial 2026 se celebra con récords de audiencia global, en Gaza, ver un partido se convirtió en un acto de riesgo mortal —y su organización, en una forma de resistencia civil protegida, pero ignorada.
