Fernando Valladares lleva la crisis climática al escenario. El investigador del CSIC y premio Jaume I de Medio Ambiente estrena el 20 de junio de 2026 su primera obra teatral profesional: Zumo de remolacha. Rompe con la divulgación tradicional. Lleva datos, ética y urgencia a una sala de teatro. No es entretenimiento. Es acción cultural con impacto real.
¿Por qué un científico se sube al escenario en plena emergencia climática?
Valladares no elige el teatro por capricho. Lo hace porque la comunicación científica ya no basta con artículos o conferencias. La ciudadanía necesita emociones, historias y presencia física. El teatro permite mostrar la vulnerabilidad humana, la urgencia ecológica y la responsabilidad intergeneracional sin filtros.
La obra no es ficción distópica. Está anclada en datos reales: olas de calor extremo, pérdida de biodiversidad acelerada y fallos en los sistemas alimentarios. Valladares interpreta a un científico que enfrenta su propio colapso moral al ver cómo sus hallazgos son ignorados por las instituciones.
¿Qué aporta el teatro a la divulgación climática?
El formato escénico transforma conceptos abstractos en experiencias sensoriales. El público no escucha sobre retroalimentación climática, sino que la siente en el ritmo acelerado del diálogo, en la iluminación opresiva, en el silencio incómodo tras una frase sobre extinción masiva.
La ciencia deja el laboratorio y entra en la esfera pública
Valladares ya había cruzado fronteras: protestó frente al Congreso en abril de 2022 con Rebelión Científica, denunció la inacción política y sobrevivió a amenazas de grupos negacionistas tras la DANA de 2024. Ahora, el escenario es su nueva tribuna.
El teatro como herramienta de justicia climática
La obra incorpora testimonios reales de comunidades afectadas por sequías en el sureste español y por inundaciones en Cataluña. Esto vincula la investigación con la justicia ambiental, un eje clave en la Ley de Cambio Climático y Transición Energética (2021), que exige participación ciudadana y equidad territorial.
¿Cómo se financia y regula este tipo de divulgación cultural?
Zumo de remolacha cuenta con apoyo del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) y subvenciones del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Esto refleja un cambio institucional: la ciencia aplicada ya forma parte de las políticas culturales.
Sin embargo, no hay marco legal específico para la divulgación escénica científica. Su regulación se ampara en leyes generales de patrimonio cultural, educación ambiental y transparencia en fondos públicos. Esto genera incertidumbre fiscal y logística para futuros proyectos.
¿Qué impacto económico y social tiene la ciencia en el teatro?
El sector cultural español generó 32.400 millones de euros en 2025 (INE). Incluir ciencia en su programación abre nuevas líneas de financiación y audiencias. Festivales como Festival de Teatro y Ciencia de Barcelona ya registran un 37 % de aumento en asistencia desde 2023.
Además, el modelo reduce la brecha entre investigación pública y ciudadanía. Un estudio de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) revela que el 68 % de los espectadores de obras científicas modifican sus hábitos de consumo tras la función.
Datos Clave
- Fernando Valladares es el primer investigador del CSIC en protagonizar una obra teatral profesional en España.
- Zumo de remolacha se estrena el 20 de junio de 2026 en el Espacio Pablo VI de Madrid.
- La obra integra hallazgos del IPCC AR6 y datos del Sistema Español de Vigilancia del Cambio Climático.
- Recibe financiación del Plan de Recuperación y del ICAA, bajo el eje de Cultura y Sostenibilidad.
- Su gira incluye 12 ciudades, con foros postfunción coordinados por universidades y ONG ambientales.
El teatro ya no es solo arte. Es un espacio de rendición de cuentas, de alfabetización climática y de movilización ética. Valladares no representa un personaje. Representa una exigencia: que la ciencia deje de ser un discurso técnico y se convierta en un acto colectivo de supervivencia.
