La lagartija de Eivissa (Podarcis pityusensis) enfrenta extinción inminente. Su población ha caído más del 90 % en dos décadas. La causa principal es la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis), introducida accidentalmente en las Pitiusas. Esta especie exótica ya ocupa más del 90 % del territorio insular. Su presencia coincide con la desaparición casi total de la lagartija endémica. Expertos del CREAF lideran acciones urgentes para evitar su desaparición definitiva.
¿Qué está causando la desaparición de la lagartija de Eivissa?
La culebra de herradura es el principal factor de riesgo. No es nativa de las Baleares. Llegó escondida en cargamentos de olivos peninsulares, trasladados a Eivissa para reforestación y jardinería. Al carecer de depredadores naturales en el archipiélago, su población se disparó.
La lagartija no tenía defensas evolutivas
La Podarcis pityusensis nunca coevolucionó con serpientes depredadoras. No desarrolló comportamientos de evasión, camuflaje eficaz ni respuestas fisiológicas ante este tipo de amenaza. Su tamaño pequeño y su hábitat abierto la hacen especialmente vulnerable.
La expansión es acelerada y silenciosa
La culebra se desplaza hasta 2 km al año. Además, puede nadar distancias cortas entre islas. Ya ha alcanzado zonas de Formentera y pequeñas islas cercanas, poniendo en riesgo poblaciones aisladas y genéticamente únicas.
¿Cuál es el impacto ecológico real?
La lagartija de Eivissa no es solo un símbolo turístico. Es un eslabón clave en la cadena trófica local. Controla plagas de insectos y sirve de alimento para aves rapaces y mamíferos insulares. Su desaparición desestabiliza redes ecológicas ya frágiles por el cambio climático y la sequía.
Alteración de los servicios ecosistémicos
Su reducción afecta la polinización indirecta y la dispersión de semillas de plantas nativas. También reduce la resiliencia de los espacios naturales frente a especies invasoras vegetales, como el Opuntia.
Pérdida de valor cultural y económico
La lagartija aparece en souvenirs, logotipos municipales y campañas de promoción turística. Su desaparición afecta la identidad local y el atractivo de la marca Eivissa. El turismo sostenible pierde un activo diferenciador en un mercado cada vez más competitivo.
¿Qué marco legal protege a la especie?
La Podarcis pityusensis está incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas (Real Decreto 139/2011) como En Peligro Crítico. También figura en el Anexo II de la Directiva Hábitats de la UE, lo que exige la designación de Zonas de Especial Conservación (ZEC).
Falta de aplicación efectiva
A pesar de su estatus legal, no existe un plan de recuperación aprobado ni financiado por la Administración autonómica. Las medidas actuales son reactivas y fragmentadas: captura ocasional de culebras, monitoreo puntual y divulgación local.
Responsabilidad compartida
La normativa de importación de plantas (Real Decreto 1133/2014) no exige controles fitosanitarios específicos para fauna asociada. Esto permite la entrada inadvertida de especies exóticas. La reforma de estos protocolos es urgente.
¿Qué acciones están en marcha?
Un equipo del CREAF, liderado por Oriol Lapiedra, lleva seis años estudiando el fenómeno. Sus datos, basados en transectos estandarizados y muestreos genéticos, son la base científica para la acción. Se han identificado tres refugios potenciales sin presencia de culebra: zonas rocosas de difícil acceso en el norte de Eivissa.
Datos Clave
- La culebra de herradura ocupa más del 90 % del territorio de Eivissa.
- La lagartija de Eivissa ha desaparecido de 12 de los 15 núcleos poblacionales monitoreados desde 2006.
- La especie es endémica exclusiva de las Pitiusas: no existe en ningún otro lugar del planeta.
- Su declive se acelera en zonas con alta presión turística y urbanización, donde la culebra encuentra refugio en jardines y escombreras.
- No hay registros de reproducción exitosa de la lagartija en áreas colonizadas por la culebra desde 2019.
El caso de la lagartija de Eivissa es un ejemplo temprano de extinción por invasión biológica en islas mediterráneas. Refleja la fragilidad de los ecosistemas insulares ante la globalización del comercio vegetal. Su supervivencia depende de intervenciones inmediatas: contención de la culebra, creación de refugios seguros y actualización de normas de bioseguridad. Sin ello, una especie única en el mundo desaparecerá en menos de una década.
