La 22ª enmienda de la Constitución de Estados Unidos establece que ninguna persona puede ser elegida para el cargo de presidente más de dos veces. Sin embargo, Donald Trump, quien ya ha ocupado la presidencia en dos ocasiones, ha comenzado a explorar posibles vías para intentar un tercer mandato, generando un amplio debate sobre la viabilidad de sus propuestas.
Desde su regreso al poder, Trump ha insinuado en varias ocasiones su deseo de permanecer en el cargo, afirmando que muchas personas lo apoyan y que algunas encuestas indican un alto nivel de aprobación. Sin embargo, estas afirmaciones contrastan con datos que muestran un significativo rechazo a sus políticas por parte de la población.
Una de las opciones más discutidas es la posibilidad de derogar la 22ª enmienda. Aunque históricamente no es imposible, ya que en 1933 se revocó la 18ª enmienda que prohibía la venta de alcohol, el proceso es complicado. Para ello, se requeriría una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso o una convención constitucional convocada por dos tercios de los estados, seguida de la ratificación por tres cuartas partes de ellos. Actualmente, los republicanos controlan ambas cámaras, pero no tienen la mayoría necesaria para llevar a cabo esta acción.
Otra alternativa que Trump podría considerar es aprovechar una posible laguna legal en la 22ª enmienda. Esta enmienda prohíbe que alguien sea “elegido” para un tercer mandato, pero no menciona que no pueda asumir el cargo. Esto podría abrir la puerta a que Trump apoye a un candidato que se presente a las elecciones y lo nombre vicepresidente, con la promesa de renunciar después de asumir la presidencia. Sin embargo, esta estrategia también enfrenta desafíos, como la disposición de la persona elegida a renunciar inmediatamente después de asumir el cargo.
Además, la 12ª enmienda de 1804 establece que nadie que sea constitucionalmente inelegible para el cargo de presidente puede serlo para el de vicepresidente. Aunque la 22ª enmienda no califica a Trump como inelegible, la ambigüedad legal podría generar complicaciones si se intenta seguir este camino.
Trump también podría optar por ignorar la restricción constitucional y presentarse a las elecciones, confiando en que los tribunales decidirán su elegibilidad. Esta estrategia no es nueva para él, ya que ha desafiado en varias ocasiones decisiones judiciales. Sin embargo, la posibilidad de que los estados demócratas se nieguen a incluir su nombre en las papeletas podría desencadenar una serie de litigios que llegarían hasta el Tribunal Supremo, donde actualmente hay una mayoría conservadora.
En el pasado, Trump ya enfrentó desafíos legales relacionados con su elegibilidad, pero logró superar estos obstáculos. Sin embargo, no está claro si el Tribunal Supremo respaldaría una violación tan evidente de la Constitución si decidiera presentarse nuevamente.
Por último, Trump podría considerar simplemente desobedecer a la justicia, lo que podría intensificar la crisis constitucional existente. Su administración ya ha desafiado órdenes judiciales en el pasado, lo que sugiere que podría estar dispuesto a seguir este camino si lo considera necesario para alcanzar sus objetivos.
A pesar de las múltiples opciones que Trump está considerando, su edad también podría ser un factor limitante. Si intenta un tercer mandato, asumiría la presidencia a los 82 años, lo que lo convertiría en el presidente electo de mayor edad en la historia del país. Sin embargo, su deseo de mantenerse en el poder podría ser un motivador suficiente para intentar superar estos obstáculos.
En resumen, aunque la 22ª enmienda presenta un claro impedimento para que Trump busque un tercer mandato, las estrategias que está considerando reflejan su enfoque audaz y su disposición a desafiar las normas establecidas. La situación política en Estados Unidos sigue siendo volátil, y las acciones de Trump en este contexto podrían tener repercusiones significativas en el futuro del país.