El papel de Elon Musk en el gobierno de Donald Trump podría estar llegando a su fin, según informes recientes que sugieren que el multimillonario abandonará su posición como «empleado especial del gobierno». Esta decisión, que parece haber sido tomada de mutuo acuerdo entre Musk y Trump, se produce en un contexto de creciente presión política y controversias que han rodeado al CEO de Tesla.
Musk, quien ha estado al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), ha enfrentado críticas tanto de los demócratas como de algunos sectores del propio partido republicano. Su apoyo financiero a candidatos y causas políticas ha sido objeto de escrutinio, especialmente tras la reciente derrota de un juez al que había respaldado con donaciones significativas en las elecciones al Tribunal Supremo de Wisconsin. Esta derrota ha llevado a algunos a considerar a Musk como un lastre político para la administración Trump.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha desmentido los rumores sobre la salida de Musk, calificándolos de «basura» y afirmando que tanto Trump como Musk han declarado públicamente que el empresario dejará su cargo una vez que complete su «increíble trabajo» en el DOGE. Sin embargo, fuentes cercanas a Trump han indicado que la decisión de apartar a Musk podría ser inminente, especialmente después de una serie de enfrentamientos entre Musk y otros miembros del gabinete.
Uno de los puntos de conflicto ha sido la implementación de recortes en diversas agencias gubernamentales, que Musk ha llevado a cabo sin la debida consulta con los secretarios de Estado. Esto ha generado tensiones, como se evidenció en una reunión reciente donde se discutió el desmantelamiento de USAID, lo que provocó una disputa con el secretario de Estado, Marco Rubio.
Además, la figura de Musk ha sido utilizada por los demócratas como un símbolo de oposición, lo que ha complicado aún más su situación. La politización de su imagen, junto con el aumento de la competencia en el sector de vehículos eléctricos, ha llevado a una caída en las ventas de Tesla, que se han reducido en un 13% en el primer trimestre del año. Esta situación ha impactado negativamente en el valor de las acciones de la compañía, que han disminuido casi un 50% desde que Trump asumió la presidencia.
A pesar de las controversias, Trump ha defendido públicamente los recortes de programas sociales y ha elogiado el trabajo de Musk en el DOGE. Sin embargo, parece que el presidente está reconsiderando la duración del papel de Musk en su administración, que originalmente estaba previsto que continuara hasta el verano. La presión política y las críticas han llevado a Trump a delegar más autoridad a sus secretarios, relegando a Musk a un papel de apoyo en lugar de ser el principal responsable de los recortes.
El exasesor de Trump, Steve Bannon, ha sido uno de los críticos más vocales de Musk, acusándolo de traicionar los principios del movimiento populista que Trump representa. Bannon ha señalado que Musk, al defender los visados H-1B para trabajadores cualificados, se ha alejado de la agenda de priorizar el empleo estadounidense, lo que ha generado un rechazo en ciertos sectores del trumpismo.
La situación de Musk en la administración Trump es un reflejo de las tensiones internas dentro del partido republicano y de cómo las figuras del mundo empresarial pueden convertirse en chivos expiatorios en tiempos de crisis política. A medida que se acercan las elecciones, la administración Trump podría optar por distanciarse de Musk para evitar que su figura se convierta en un obstáculo en la búsqueda de la reelección.
En este contexto, se espera que la salida de Musk, si se confirma, se realice de manera que le permita mantener un papel consultivo sin involucrarse directamente en las decisiones políticas y administrativas. Esto podría ser un intento de Trump de minimizar el impacto negativo que la figura de Musk ha tenido en su administración y en la percepción pública de su gobierno.