El 31 de agosto de 2015, Angela Merkel, entonces canciller de Alemania, pronunció una frase que resonaría en la historia del país: «Wir schaffen das». Esta declaración, que se traduce como «podemos lograrlo», marcó un punto de inflexión en la política migratoria alemana y europea. En un contexto donde cientos de miles de refugiados huían de la guerra en Siria y otros conflictos en el Medio Oriente, Merkel decidió abrir las fronteras alemanas, un acto que cambiaría el rumbo de la nación y que aún hoy genera divisiones entre sus ciudadanos.
La decisión de Merkel fue impulsada por una combinación de factores humanitarios y políticos. En ese momento, muchos refugiados se encontraban atrapados en Budapest, y la canciller se enfrentó a la difícil pregunta de si debía cerrar las fronteras o actuar de acuerdo con los valores europeos de solidaridad y humanidad. Su elección de abrir las puertas a los refugiados fue vista como un acto de valentía, pero también como un riesgo político significativo. En los años siguientes, más de un millón de solicitantes de asilo llegaron a Alemania, lo que transformó la demografía y la política del país.
### La Reacción de la Sociedad Alemana
La llegada masiva de refugiados generó una respuesta mixta en la sociedad alemana. Por un lado, muchos celebraron la diversidad y la riqueza cultural que los nuevos inmigrantes aportaron. Sin embargo, también surgieron preocupaciones sobre la capacidad del país para integrar a tantos nuevos llegados. La polarización se intensificó con el ascenso del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que capitalizó el descontento de aquellos que sentían que la inmigración desbordaba los recursos y servicios públicos.
A medida que pasaron los años, el debate sobre la inmigración se volvió más acalorado. En 2025, un sondeo reveló que el 68% de los alemanes creía que el país debería aceptar menos solicitantes de asilo. Esta opinión refleja un cambio en la percepción pública, donde muchos ciudadanos sienten que la integración no ha sido tan exitosa como se esperaba. A pesar de que algunos refugiados han encontrado empleo y han contribuido a la economía, otros enfrentan dificultades significativas, especialmente las mujeres, que a menudo tienen menos oportunidades laborales.
La situación se complicó aún más con la llegada de refugiados ucranianos tras la invasión rusa en 2022. Alemania recibió a aproximadamente 1,3 millones de ucranianos, lo que ha añadido otra capa de complejidad al debate sobre la migración. La capacidad de los municipios para gestionar esta afluencia ha sido puesta a prueba, y muchos han expresado que están al límite de sus recursos.
### Cambios en la Política Migratoria
A medida que la presión sobre el sistema de acogida aumentaba, el gobierno alemán comenzó a implementar medidas más estrictas para controlar la inmigración. La administración de Merkel, aunque inicialmente abierta, rápidamente se dio cuenta de que la situación requería un enfoque más regulado. En 2016, se firmó un pacto entre la Unión Europea y Turquía que buscaba frenar la migración irregular, lo que llevó a un endurecimiento de las políticas de asilo y a un aumento en las deportaciones de aquellos que no cumplían con los requisitos.
El actual canciller, Friedrich Merz, ha continuado en esta línea, reforzando los controles fronterizos y limitando la llegada de nuevos solicitantes de asilo. Desde su llegada al poder, ha declarado que Alemania ha fallado en su gestión de la inmigración y que es necesario corregir el rumbo. Esta postura ha sido bien recibida por una parte significativa de la población, que siente que la inmigración debe ser más controlada y que el país debe centrarse en la integración de aquellos que ya están presentes.
Sin embargo, la narrativa de la inmigración en Alemania es compleja y multifacética. Mientras que algunos argumentan que la diversidad ha enriquecido la cultura alemana y ha sido esencial para abordar el envejecimiento de la población, otros ven la migración como una amenaza a la cohesión social y a la seguridad. Las estadísticas sobre delitos y la percepción de inseguridad han alimentado el miedo y la desconfianza hacia los inmigrantes, a menudo exacerbados por la cobertura mediática y la retórica política.
En resumen, la frase de Merkel «Wir schaffen das» ha dejado un legado que sigue resonando en la política y la sociedad alemana. Diez años después, el país se enfrenta a un dilema: cómo equilibrar la necesidad de humanidad y solidaridad con la realidad de una población que se siente cada vez más dividida sobre el tema de la inmigración. La historia de la migración en Alemania es un reflejo de los desafíos que enfrentan muchas naciones en un mundo cada vez más interconectado y complejo.