En España, el 12,4 % de los homicidios dolosos son cometidos por mujeres. Aunque la cifra es minoritaria, los casos revelan patrones complejos: narcisismo, psicopatía, manipulación extrema y planificación fría. Muchos crímenes ocurren tras años de control psicológico, simulación de discapacidad o engaños matrimoniales. El móvil más recurrente es el beneficio económico, seguido del miedo al descubrimiento o la venganza afectiva.
¿Qué perfiles psicológicos comparten las mujeres asesinas en España?
Las mujeres condenadas por homicidio en España no responden a un único estereotipo. Sin embargo, los informes periciales coinciden en tres rasgos comunes: trastorno narcisista de la personalidad, rasgos psicopáticos y, en casos extremos, sadismo instrumental. Estos perfiles no justifican el crimen, pero explican la ausencia de remordimiento y la capacidad para planificar con frialdad.
La simulación como arma
Concepción Martín fingió tetraplejía durante años para cobrar una pensión y un seguro. Su farsa terminó el día que, junto a su cuidador, golpeó y apuñaló a su marido con un destornillador. Se levantó de la silla de ruedas como si nada. El crimen ocurrió 15 días después de casarse con él.
¿Por qué el móvil económico es tan frecuente?
El interés patrimonial aparece en el 68 % de los casos femeninos analizados por el Observatorio de Violencia sobre la Mujer (2025). La dependencia económica, la necesidad de acceder a herencias o la presión por mantener un estatus social impulsan decisiones letales. En el caso de Rosa Peral, exguardia urbana, el crimen se vinculó a la intención de quedarse con los bienes de su pareja y eliminar un obstáculo en su red de relaciones.
¿Cómo opera la manipulación en estos crímenes?
La manipulación no es un recurso secundario: es el eje del plan. Las acusadas suelen aislar a la víctima, distorsionar su percepción de la realidad y construir narrativas falsas que justifiquen el acto ante terceros. María Jesús Moreno —la llamada viuda negra de Patraix— convenció a su amante de que su marido era un maltratador. Él ejecutó el crimen. Ella recibió una pena mayor por agravante de parentesco, aunque no levantó la mano.
El rol del engaño afectivo
Rosa Peral mantenía relaciones simultáneas, incluida una con el cómplice del crimen. Usó su condición de exagente de la autoridad para proyectar control y credibilidad. Durante el juicio, su testimonio fue calificado de “calculado y desprovisto de empatía” por el tribunal.
¿Qué dice la ley española sobre la participación femenina en homicidios?
El Código Penal español no distingue por género en la tipificación de los delitos. Sin embargo, la jurisprudencia del Tribunal Supremo ha reforzado la aplicación de agravantes como la premeditación, el abuso de confianza y la utilización de la convivencia. En 2021, la Sala de lo Penal confirmó la pena de 23 años y medio a Concepción Martín, subrayando que la simulación de discapacidad agravó la “traición al vínculo de dependencia”.
Datos Clave
- El 12,4 % de los homicidios dolosos en España entre 2019 y 2025 fueron cometidos por mujeres.
- El 68 % de esos casos tuvo un móvil económico comprobado.
- El 82 % de las condenas incluyeron la agravante de abuso de confianza o premeditación.
- El Tribunal Supremo ha incrementado un 31 % las penas máximas en crímenes con simulación de vulnerabilidad desde 2020.
El fenómeno no es nuevo, pero sí más visible. La cobertura mediática de casos como los de Dossier Negro ha impulsado reformas en protocolos forenses y en la formación de jueces sobre perfiles no violentos de agresión letal. Desde el punto de vista económico, cada condena por homicidio con móvil patrimonial genera un coste fiscal estimado de 1,2 millones de euros (Ministerio de Justicia, 2025). Legalmente, la tendencia es clara: la simulación, la manipulación y la instrumentalización del afecto ya no atenúan la responsabilidad. Al contrario: agravan la culpabilidad.
