La reciente declaración de Antonio Maíllo, coordinador general de Izquierda Unida (IU), ha encendido un debate crucial en el ámbito político español. Su afirmación sobre la necesidad de «superar Sumar» y construir una nueva candidatura a la izquierda del PSOE no es un simple comentario aislado, sino que refleja un sentimiento compartido por diversas organizaciones del espacio progresista alternativo. Este artículo explora las dinámicas actuales de la izquierda en España, el papel de Sumar y las estrategias que se están considerando para reconfigurar el panorama político.
La coalición Sumar, liderada por Yolanda Díaz, fue vista como una respuesta efectiva a la amenaza del Partido Popular y Vox en las elecciones de 2023. Sin embargo, a solo tres años de su formación, muchos en la izquierda consideran que Sumar ha perdido su capacidad de aglutinación. Este diagnóstico no es exclusivo de IU; otros partidos como Podemos y Més-Compromís han comenzado a distanciarse de la coalición, lo que plantea interrogantes sobre el futuro de la izquierda en España.
### La Fragmentación de la Izquierda y el Desafío de Sumar
La fragmentación del espacio político de la izquierda es un fenómeno que se ha intensificado en los últimos años. Desde la salida de Podemos de la coalición Sumar al inicio de la legislatura, hasta la decisión de Més-Compromís de seguir un camino similar en junio de 2025, se ha evidenciado una falta de cohesión que ha debilitado la posición de la izquierda en el Congreso. La Chunta Aragonesista, aunque actualmente mantiene su representación dentro de Sumar, ha anunciado su intención de presentarse en solitario en las próximas elecciones autonómicas, lo que refleja una tendencia creciente hacia la individualidad en lugar de la colaboración.
El CIS ha mostrado que la Chunta podría obtener mejores resultados que Sumar y Podemos, lo que añade presión sobre la coalición para redefinir su estrategia. A pesar de que IU ha tomado la delantera en la crítica a Sumar, su enfoque es cauteloso. La intención no es provocar una ruptura abrupta, sino más bien abrir un proceso que permita una transición más orgánica hacia una nueva estructura política.
La figura de Yolanda Díaz se ha convertido en un punto de tensión. Aunque es reconocida como una de las líderes más visibles y valoradas del espacio, su relación con otros líderes, como Irene Montero de Podemos, ha complicado la situación. La necesidad de un liderazgo unificado es evidente, pero la falta de consenso sobre quién debería asumir ese rol es un obstáculo significativo.
### Hacia un Nuevo Acuerdo Programático
La propuesta de un «proceso político movilizador» que agrupe a las organizaciones en torno a un acuerdo programático común es una de las estrategias que se están considerando. Este enfoque busca establecer un marco de colaboración que permita a los diferentes partidos trabajar juntos sin que se repitan las fracturas traumáticas del pasado. La idea es que, a partir de marzo, se pueda contar con un acuerdo que sirva de base para futuras elecciones.
Sin embargo, la implementación de este proceso no será sencilla. La falta de una figura de consenso podría llevar a la celebración de primarias, un escenario que algunos partidos, como Comuns y Más Madrid, prefieren evitar por el momento. La dificultad de unificar censos y la posibilidad de conflictos internos son preocupaciones que pesan sobre la mesa.
Un aspecto clave en esta discusión es el compromiso de lealtad hacia quienes no resulten vencedores en un posible proceso de primarias. Esta condición es fundamental para evitar que se repitan los errores del pasado, donde las luchas internas llevaron a la fragmentación del voto progresista. La gestión de Sumar, que no activó primarias para las elecciones europeas, ha dejado un legado de desconfianza que los nuevos actores buscan evitar.
El arraigo territorial y el tipo de organización que necesita el nuevo proyecto son cuestiones críticas. IU, Comuns y Más Madrid cuentan con bases militantes sólidas en sus respectivos territorios, mientras que Sumar ha luchado por establecer una presencia orgánica más allá de su rol institucional. Este desequilibrio podría ser determinante en un futuro proceso electoral, especialmente si se considera que el espacio solo es competitivo cuando se apoya en proyectos con una fuerte implantación local.
La confusión generada por la coincidencia de nombres entre Sumar como grupo parlamentario y Movimiento Sumar como partido de Yolanda Díaz también ha generado malestar entre los socios. La necesidad de diferenciar claramente entre la herramienta común y las siglas particulares es un aspecto que debe abordarse para evitar más tensiones internas.
A pesar de las dificultades, hay un consenso creciente sobre la necesidad de superar Sumar. Sin embargo, la falta de acuerdo sobre cómo hacerlo, qué nombre adoptar y qué estrategia territorial seguir sigue siendo un desafío. La situación actual de la izquierda en España es un reflejo de la complejidad de la política contemporánea, donde las alianzas y las divisiones pueden cambiar rápidamente. La capacidad de los partidos para adaptarse a estas dinámicas será crucial para su supervivencia y éxito en el futuro.
