En el ámbito de la medicina, la formación de los profesionales es crucial para garantizar la seguridad del paciente. Sin embargo, el aprendizaje sin errores es prácticamente imposible. En este delicado equilibrio entre la educación y la seguridad, surge Virmedex Virtual Experiences, una spin-off universitaria que ha desarrollado simuladores clínicos virtuales. Estos simuladores permiten a los profesionales de la salud entrenarse tantas veces como sea necesario antes de enfrentarse a situaciones reales. La investigadora y cofundadora del proyecto, Dani Tost, explica que «la simulación permite exponerse a escenarios críticos sin que haya un paciente por delante».
La creación de Virmedex responde a una necesidad clínica específica. Este proyecto es fruto de la colaboración entre el grupo de juegos serios de la Universitat Politècnica de Catalunya, la cátedra de simulación de la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona y la unidad de perfusión del Hospital Clínic de Barcelona. Inicialmente, el objetivo era formar a los perfusionistas, los profesionales encargados de manejar la máquina de corazón-pulmón utilizada en cirugías a corazón abierto. Tost recuerda que «vimos que era una máquina extremadamente compleja y que hacían falta herramientas para que los perfusionistas pudieran entrenarse a fondo antes de entrar en quirófano». La simulación virtual permite recrear la relación entre el paciente y la máquina, exponiendo al usuario a situaciones poco frecuentes pero altamente críticas, aquellas que no pueden practicarse con facilidad en la realidad.
Durante años, el desarrollo de esta tecnología se llevó a cabo en el ámbito universitario, con financiación pública y en un contexto de investigación básica. El primer prototipo nació como un trabajo final de máster de una de las actuales cofundadoras y CEO de la empresa. Sin embargo, llegó un momento en que el equipo decidió dar el salto al mercado. «Queríamos que la tecnología se utilizara de verdad», explica Tost. La decisión fue crear una empresa propia, una spin-off que permitiera transferir el conocimiento desarrollado en las universidades. El proyecto recibió apoyo de programas de evaluación que ayudaron a validar la viabilidad del modelo de negocio y a profesionalizar la iniciativa. Con los primeros fondos, el equipo pudo dedicarse a tiempo completo al proyecto.
Más allá de la tecnología, Virmedex también refleja un cambio en la forma de entender el emprendimiento científico. El paso del laboratorio a la empresa no ha sido solo un reto tecnológico, sino también cultural, especialmente en un sector donde aún persisten ciertos estereotipos. El proyecto ha sido reconocido con el Premio Fundación Caixa de Ingenieros. Tost comenta: «Lo que más nos ha sorprendido del camino emprendedor es ver cómo se están rompiendo muchos estereotipos: ya no es solo el mito del joven en el garaje, sino también personas muy jóvenes, muchas mujeres y perfiles más senior que deciden emprender. Además, las universidades y las instituciones fomentan cada vez más este tipo de proyectos, a través de ayudas y también de premios».
Aunque a simple vista los productos de Virmedex pueden recordar a un videojuego, no lo son. «Son simuladores clínicos con un modelo fisiológico muy realista», aclara Tost. La diferencia radica en que incorporan elementos de ludificación: una narrativa que recrea el contexto del quirófano, sistemas de puntuación, niveles de dificultad y retroalimentación constante. Estos elementos no son meramente decorativos. «Aprendemos mejor cuando hay emoción», asegura Tost. La narrativa y la interacción hacen que el usuario viva la simulación de forma más intensa, lo que favorece la retención del conocimiento. El sistema se adapta al nivel de cada profesional y proporciona información en tiempo real sobre lo que se está haciendo bien y lo que no.
La inteligencia artificial también juega un papel fundamental en el desarrollo del software y en la experiencia formativa. Virmedex ha creado Dex, un asistente especializado en las máquinas que simula la plataforma. Este asistente puede utilizarse dentro del simulador o fuera, como herramienta de consulta. Sin embargo, el objetivo no es que el usuario acepte acríticamente lo que la máquina dice. «También entrenamos la capacidad de cuestionar lo que te dice una IA», subraya Tost. Integrar el asistente como un personaje dentro de la simulación ayuda a fomentar esta mirada crítica, esencial en un entorno clínico donde la responsabilidad final siempre recae en el ser humano.
Los simuladores de Virmedex ya están siendo utilizados en universidades de Europa y Estados Unidos. Según Tost, el feedback es claro: los estudiantes aseguran haber comprendido mejor el funcionamiento de procedimientos complejos gracias a la simulación. Actualmente, el objetivo es hacer el salto definitivo a los hospitales y a la formación continua de los profesionales en activo. La compañía cuenta con simuladores de bypass cardiopulmonar y de ECMO, y tiene la posibilidad de incluir múltiples variables y situaciones de simulación en el futuro. Su principal ventaja competitiva es una plataforma de software que permite crear nuevos simuladores de forma más eficiente que otras alternativas en el mercado.
La formación sanitaria avanza hacia modelos virtuales que priorizan la seguridad y la repetición del aprendizaje. Este sector está en crecimiento, y diversos estudios apuntan a que se multiplicará en los próximos años, impulsado por una demanda creciente de los profesionales y por la necesidad de garantizar la seguridad del paciente. «La simulación saca al paciente de la ecuación de la formación», resume Tost. En Cataluña, por ejemplo, el terreno es fértil. Cada vez hay más centros de simulación, tanto dentro de los hospitales como de forma independiente. Las guías clínicas ya recomiendan un mínimo de horas de simulación, y todo apunta a que pronto podría convertirse en un requisito obligatorio. En este contexto, la simulación virtual ofrece ventajas claras: es más económica, accesible desde cualquier lugar y complementaria a los simuladores físicos tradicionales.
