A inicios de 2026, Europa se encuentra en una encrucijada, enfrentando múltiples crisis que, aunque geográficamente distantes, están interconectadas por un hilo común. Desde Groenlandia hasta Venezuela, pasando por Irán y Ucrania, el continente europeo se ve obligado a replantear su papel en un orden mundial cada vez más complejo. En este contexto, el Gobierno español ha delineado una estrategia diplomática que busca equilibrar su atlantismo con un europeísmo firme, sin caer en la subordinación ante Estados Unidos.
La reciente intervención del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, en el Ateneo de Madrid, marcó un punto de inflexión en la política exterior española. Albares enfatizó la necesidad de que Europa deje de ser un mero espectador y comience a actuar con determinación. «Defender el orden mundial basado en reglas es esencial para la supervivencia de la Unión Europea como un proyecto exitoso entre Estados», afirmó, subrayando que la defensa de este orden es crucial para el futuro del continente.
### La Necesidad de una Respuesta Colectiva
El diagnóstico presentado por Albares no solo se limita a la situación actual, sino que también plantea un futuro en el que España no puede afrontar sola los desafíos que amenazan las reglas del juego internacional. En su discurso, el ministro hizo un llamado a la unidad entre los Estados miembros de la Unión Europea, sugiriendo que el continente debe sentarse «en la mesa de los grandes poderes». Para lograr esto, es fundamental transformar el peso económico de Europa en un peso político significativo.
Albares propuso la creación de una «coalición de voluntarios» entre los Estados miembros que estén dispuestos a colaborar en la formación de un ejército europeo. Esta idea no solo busca fortalecer la defensa del continente, sino también asegurar que Europa tenga una voz en el escenario internacional. La voluntad política, según el ministro, es el verdadero obstáculo que enfrenta la UE, más que la falta de capacidades.
La postura del Gobierno español se ha distanciado claramente de la política exterior de la administración Trump. En relación con Venezuela, Albares abogó por una solución pacífica y democrática, enfatizando que cualquier cambio debe ser decidido por los propios venezolanos. En cuanto a Irán, el ministro destacó que el país no necesita intervención externa, y sobre Groenlandia, hizo un llamado a poner fin a las presiones de Estados Unidos, sugiriendo que España está dispuesta a actuar en conjunto con la OTAN y la UE si Dinamarca lo considera necesario.
### Un Protagonismo Activo en la Diplomacia Internacional
La intervención de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en la Moncloa, complementó la estrategia delineada por Albares. Tras reunirse con el primer ministro griego, Kyriákos Mitsotákis, Sánchez se definió como un «proatlantista de palabra y con hechos», reafirmando el compromiso de España con la Alianza Atlántica. Sin embargo, también dejó claro que ser proatlantista no implica ser un vasallo, sino que se debe mantener una relación de igualdad entre Estados Unidos y la Unión Europea.
Sánchez también abordó la situación en Venezuela, revelando que en su conversación con la «presidenta temporal» Delcy Rodríguez, insistió en la necesidad de liberar a los presos políticos. Además, se comprometió a trabajar por una transición pacífica e inclusiva hacia la democracia en el país sudamericano. Este enfoque refleja un cambio en la política exterior española, que busca ser más proactiva y menos reactiva ante los desafíos globales.
La propuesta del PSOE de organizar una «conferencia política por la paz» durante el primer semestre de 2026 es un paso más en esta dirección. La portavoz adjunta de Ferraz, Enma López, destacó que el partido se enfrenta a un nuevo orden internacional y que es hora de responder con propuestas y acciones concretas. Este enfoque proactivo es esencial para que España y Europa puedan desempeñar un papel relevante en la configuración del futuro del orden mundial.
En resumen, la estrategia del Gobierno español se centra en la necesidad de una Europa unida y fuerte, capaz de defender sus intereses en un mundo cada vez más polarizado. La combinación de atlantismo y europeísmo, junto con un enfoque en la voluntad política, podría ser la clave para que España y la UE enfrenten los desafíos globales de manera efectiva y con una voz unificada.
